¿Cómo continúa la lucha de los Artistas Autoconvocados de Azul?

Por Laura Méndez de la

Editorial de EL TIEMPO

En una sociedad donde la cultura juega un papel predominante, se habla de influencia, de impacto global, y algo sumamente interesante es que la cultura es importante para el desarrollo económico. Ahora bien, si lo vemos como mero arte, es una herramienta fundamental para la sociedad.

Según el portal «El Diario», «el arte es toda actividad humana que utiliza las emociones y el intelecto para crear obras que tienen características estéticas. Esto se entiende como la pintura, la danza, la escultura, la cocina, el teatro, la fotografía y un sinfín de otras disciplinas».

El arte es sinónimo de pensamiento, de reflexión, de creación, de establecer conceptos que no se copian, que no son teorías que ya existen, el arte es libertad.

Por otro lado, está el patrimonio cultural, lo ya existente, que constituye la identidad de una sociedad/comunidad y para eso están los lugares donde reside ese patrimonio. Hoy estos espacios son «limitados». Museo Squirru, Casa Ronco, Biblioteca Ronco, entre otros, están cerrados los fines de semana o tienen disponibilidad condicionada por los horarios administrativos de la Municipalidad cuando se supone que los turistas llegan a Azul los sábados y domingos.

Pero lo preocupante es que la estructura de algunos de estos lugares se está desmoronando por falta de mantenimiento. Un ejemplo rotundo y lamentable es el Museo Municipal de Arte López Claro.

En Azul se formó el Colectivo de Artistas Autonvocados con trabajadores del arte que si bien ya venían señalando, individualmente, un declive atroz en el panorama cultural producido por la dirección municipal de cultura -hay ejemplos de la escasez de lugares para que expresar su música; los premios del Salón Nacional fueron desastrosos-, ahora se manifiestan como un grupo que no les está facilitando ser escuchados y respetados por los representantes del ejecutivo.

Este grupo sigue “remando” para lograr la implementación de políticas culturales, que realmente pretenden revertir el escenario propuesto, y en pos de ello, ha presentado una petición que señala carencias y propone caminos a seguir.

El grupo convocó a dos marchas. La primera tuvo lugar el 6 de abril y la segunda, siete días después. En esta ocasión, sus integrantes se reunieron con el jefe de Gabinete Alejandro Vieyra, la secretaria de Cultura, Educación y Deportes, Maya Vena; el director de Educación y exdirector de cultura, Martín Laborda y quien, según Vieyra, iba a ser designado el próximo lunes (18 de abril) como director de Cultura, Sebastián Rodger. En la reunión, los funcionarios propusieron la formación de un consejo consultivo, pero hubo discusiones, interdictos y no se estuvo ni cerca de llegar a un acuerdo.

Tras este amargo día, el lunes 18 de abril, el grupo se reunió con concejales de distintos bloques para comenzar a trabajar en la petición y el anteproyecto de ordenanza de 2016, elaborado por el Colectivo Cultural Autogestivo (coordinado por la arquitecta Alicia Lapenta), para adaptarlo a la situación y con los actores locales.

Fue así que en la cuarta sesión ordinaria del Concejo Deliberante, el pasado 19 de abril, se aprobó por mayoría instar al Alcalde Municipal a declarar la emergencia cultural en esta ciudad. También se conformó la mesa multisectorial por la cultura.

Dos días después, Rodger convocó al colectivo a reunirse en el Complejo Cultural San Martín. Luego aclaró que (por dirigir otra área) no podía ser directo de cultura, sino una especie de «encargado». Esa tarde, solo se abordaron tres puntos de la petición. Respecto al show de Silvina Mele y Pino Giménez, la propuesta de Rodgers fue reparar provisionalmente la gotera en el techo y darle al show los días restantes de exposición. También se abordó el problema del Ballet Municipal y el Coro de Aguaclara, respecto del cual se presentó una propuesta cuanto menos razonable.

El 28 de abril se informó (mediante nota de prensa municipal) que se iniciaban las obras del Museo López Claro. El responsable de cultura acudió al museo en una furgoneta municipal y en su vehículo particular.

Ahora queda esperar a que finalicen las obras oficialmente anunciadas, obras que deben ofrecer una solución no solo desde el punto de vista arquitectónico, sino también desde el punto de vista museológico.

Sólo queda la esperanza de que los concejales que manifestaron su compromiso con este colectivo puedan realizar una fuerte labor deliberativa para ofrecer al Ejecutivo un mayor número de herramientas para orientar las políticas culturales que la ciudad necesita con urgencia.

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