El que encontró su anhelo de libertad en el campo

En Azul, la cabaña “Las Blancas” perteneciente a la firma Delfinagro -de la cual uno de sus principales gerentes es el empresario y terrateniente Alberto Guil- es desde hace casi tres décadas el lugar en el mundo del protagonista de esta nota: el Azuleño. trabajador Adam Oscar Espan.

«El Ruso» o «el Loco» -como también se le conoce a Oscar- cumple tareas en ese establecimiento rural desde 1993. Y esas mil formas que suele adoptar un hombre que se dedica a las tareas rurales, donde además de poner el cuerpo pone su alma en cada una de las tareas que realiza a diario, son para Espán una forma de vida que, desde que inició su transición de niño a adolescente, forjó en el seno de su familia. Sobre todo, por su educación materna, cuando una vez terminada la primaria en la Escuela 28 de Azul decidió que no iba a seguir estudiando -“porque no me gustaba”, reconoce ahora- y entonces todos los fines de semana fue a Las Flores a ayudar a su abuelo Oscar Viera, al padre de su madre Aída ya su tío en las tareas rurales.

“Él y mi tío Miro, que murió hace poco, me enseñaron a hacer todo en el campo. Recuerdo que sembrábamos maíz y que luego lo recogíamos. En ese momento yo tenía trece años y ya estaba encima de un tractor, arar», recuerda ahora.

Óscar, quien ayer cumplió seis décadas de vida rodeado de sus afectos, comenzó a formar su familia cuando, con apenas 19 años, se casó con Fabiana Dilernia.

Ambos celebraron el pasado 24 de diciembre cuatro décadas de matrimonio. Y en ese formato de unión que para ellos sigue siendo inquebrantable, a pesar de haber atravesado momentos muy duros, los dos tienen hoy para mostrar -orgullosos- que son padres de cuatro hijos, abuelos de varios nietos y hasta bisabuelos.

El engrasador y el «hombre hombre»

Tan pronto como Adán Oscar Espán inició su vida de casado allá por principios de la década de 1980, su perfil de joven trabajador lo tenía como empleado en la primera engrasadora de Azul, la cual estaba ubicada en el predio PIDA I.

“Recuerdo que los huesos, que luego molíamos porque servían para hacer comida para perros y otras cosas, teníamos que ir a la heladera en un camión a buscarlos. Entonces hacíamos dos turnos. Uno era a las seis de la mañana. hasta las seis de la tarde. Y la otra, desde esa hora hasta las seis de la mañana del otro día”, cuenta de aquel primer trabajo que tuvo.

Tiempo después, llegaría otro trabajo para Oscar, bastante duro considerando en qué consistía esa tarea: se convirtió en empleado del Matadero. Y así, cuando el día empezaba a amanecer, todas las mañanas se subía a un camión que hacía escala en cada una de las carnicerías de Azul, donde tenía que llevar a hombros las medias vacas -que pesan entre 150 y 180 kilos- que luego, tras sacrificar a través de sus diferentes cortes, los responsables de esos locales vendían al público.

Oscar Espan y su esposa Fabiana Dilernia. La foto corresponde a cuando, el pasado mes de diciembre, celebraron cuarenta años de matrimonio.

El contacto de su madre

Para 1993 ingresa a «Las Blancas». Y fue su madre, Aída, teniendo en cuenta que en ese momento estaba desempleado, quien se topó en la calle con Osvaldo Suárez -todavía a cargo de ese establecimiento rural- y le dijo que su hijo estaba buscando trabajo.

“Ella se puso en contacto conmigo, yo fui y enseguida entré”, recuerda ahora Óscar sobre sus primeros pasos en aquel establecimiento rural.

Ya formando parte de la plantilla de empleados de la cabaña, empezó a hacer de todo.

En esa época tenía las enseñanzas que le había dejado su abuelo materno tiempo atrás, cuando era un niño que encontró en el campo la manera de sentirse útil, realizando una tarea que hasta el día de hoy -según él mismo admite- por Arriba todas las cosas, sigue siendo un apasionado de ello.

“Primero empecé como esgrimista de alambre, que es duro y valiente, tanto si hay que hacerlo en verano como en invierno. A las siete de la mañana ya estábamos trabajando. Y le pegamos hasta el mediodía, que paramos a comer. , continuamos hasta la tarde. Pasé un año haciendo esgrima, con un señor de Rauch que se apellidaba Albelo. Luego empecé a trabajar de tractorista y, más tarde, con los rollos de pasto para las vacas. Y también fui en una fumigadora, con una de esas que dicen ‘mosquito'», recuerda sobre sus inicios.

“Ahora hago de todo: trabajo con la estancia, he ido a la cabaña y hasta fui varias veces a Palermo”, teniendo en cuenta esto último que la participación de “Las Blancas” con sus ejemplares bovinos en la exposición anual de mayor importancia del campo que se hace en Argentina.

A punto de cumplir tres décadas como empleado en ese establecimiento rural, dice que no se imagina haciendo otra cosa que no sea el trabajo que sigue desempeñando.

«Nunca me gustó trabajar en una fábrica o en lugares donde estás muy atado. Me gusta el campo, donde siento que hay más libertad y que uno camina más tranquilo», dice, aunque reconoce que por momentos es » a Trabajo muy duro» que hace y del que espera jubilarse dentro de cinco años, fecha hasta la que pretende seguir trabajando «siempre que goce de buena salud».

En «Las Blancas» Oscar Espán es el segundo empleado más antiguo. “El primero es Carlitos Bogliolo, que tiene unos treinta años”, dice. Y más adelante, al hablar del día a día, destaca que “compartimos muchas cosas entre todos los compañeros. Y hemos trabajado en todo. Un día estás en el tractor y luego estás cortando el césped o las plantas para hacer leña».

“Tú trabajas tranquilo, yo siempre me lo paso bien, bromeando con mis compañeros, que también hacen su trabajo y todos nos ayudamos. Ni hablar de comer parrilladas. Siempre que podemos, nos metemos en ello”, dice con la pasión y autoridad de alguien que es prácticamente un artista a la hora de prender fuego a la carne.

Su condición de excelente asador se exhibe casi de manera regular. Y del mismo modo sucede con las que, fuera de la cancha, son sus dos grandes pasiones: River y el automovilismo.

Óscar supo compaginar su condición de asador y su fanatismo por el TC no hace mucho, cuando el expiloto Guillermo Ortelli estaba por estos pagos y se encargaba de hacer unas carnes a la parrilla.

Además, en una ocasión tuvo que participar -en el mismo papel- en el rodaje aquí en Azul, en «Las Blancas», de un documental. Un proyecto a través del cual cineastas europeos llegaron a la Argentina para registrar cómo era la vida en el campo y por qué la carne asada de nuestro país es una marca registrada en todo el mundo.

«Había que hacer la carne y todo, para que vieran cómo era y cómo se comía. Vinieron unos españoles y unos franceses a filmarnos. Encendimos el fuego a eso de las cuatro de la mañana e hicimos dos costillas». recuerda cuál fue esa experiencia por la que se convirtió temporalmente en actor -vestido de gaucho, como suele hacerlo cuando participa como jinete del grupo tradicionalista formado en «Las Blancas»- para aquel documental donde la idea, fundamentalmente, era retratar las costumbres y tradiciones argentinas.

Hoy, Día Internacional de los Trabajadores, es el día de Adam Oscar Espan. Y a través de su historia de vida, su perfil como empleado rural también pretende ser, desde EL TIEMPO, un homenaje a todos aquellos que, como él, realizan esta misma labor en el ámbito del campo.

Además, son días de celebraciones para la protagonista de esta nota. Además de sus sesenta años de vida, que ya tiene y celebró ayer, hoy es el cumpleaños de su hijo mayor: el único varón de los cuatro hijos que tuvo con su mujer, Fabiana. Su nombre es Oscar como él, aunque todos lo conocen como «Oscarcito». Y él también, como su padre, trabaja en el campo, además sabe -mucho- de mecánica.

Pequeñas historias del día a día, que en ocasiones salen a la luz gracias a distintas excusas. Así como lo es hoy, por ejemplo, el mencionado Día del Trabajo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.