Panorama político: Una discusión de fondo

Por Andrés Lavaselli

La semana en que la mayoría de la política argentina volvió a expresar el mandato social de Nunca Más al terrorismo de Estado como fundamento común de la democracia, fue también el telón de fondo en el que, con inusitada claridad, se produjeron los choques internos en las dos grandes coaliciones. Y aunque en ambos aparecieron profundas divergencias, las del oficialismo, centradas en la política económica, adquieren por su propio peso mayor dramatismo.

Los movimientos de Axel Kicillof ilustran bien la señal del momento en la FdT: desde el enfado contenido por el acuerdo con el FMI hasta la presión pública para intentar torcer la política económica que, en buena medida, está indisolublemente ligada a ese acuerdo. El Gobernador estuvo alejado del Presidente toda la semana, pero especialmente en su momento clave, el jueves. Marchó con Máximo Kirchner y luego recibió la bendición de Hebe de Bonafini (dato: le dio el micrófono el 24 de marzo) con un discurso contra «los que no quieren pelear».

La lectura inmediata, automática, fue la del completo alineamiento de Kicillof con el kirchnerismo en la guerra con la Casa Rosada. Un giro respecto a la delgada línea roja que ha pasado hasta ahora entre ambos bandos. Y en cierta medida es así, aunque hay matices importantes. 1) “Nunca vamos a hacer Córdoba”, dicen en La Plata. Es su forma de reafirmar que seguirán acompañando a Alberto Fernández hasta con las críticas. 2) La frase de la pelea iba dirigida más a una parte del equipo económico que al Presidente.

En fin: lo que hizo el Gobernador fue una forma de prender luz amarilla porque cree que el plan económico como está va a fracasar. El principal destinatario de su críptica versión de los «funcionarios que no trabajan» es el ministro de Agricultura, Julián Domínguez, quien evitó un alza en las retenciones de granos que Kicillof considera necesaria. Domínguez, dicen, jugó duro: incluso habría amenazado con dar un portazo si se aprobaba la medida impulsada sin éxito por el secretario de Comercio Interior, Roberto Feletti. En el entorno de Domínguez ni lo negaron ni lo confirmaron.

La preocupación por la economía no modificó, sin embargo, otros alineamientos. El lunes, una reunión de alcaldes K en La Matanza le hizo una dura declaración a Fernández, con foto incluida. Pero el texto que firmaron contenía, al mismo tiempo, un reclamo para discutir la política de seguridad de Kicillof… respaldado por su jefe de Gabinete, Martín Insaurralde, y la vicegobernadora Verónica Magario. Más allá de que detrás de un nuevo ataque de los alcaldes contra Sergio Berni, la grieta interna también parece salir a la luz en la Provincia.

En el mismo sentido, la foto Kicillof-Kirchner es un gesto de armonía que no cambia la desconfianza entre ambos. Pero les sirve a los dos: Kicillof reconoce la autoridad política de Máximo, algo que el camporismo siempre le exigió. Y el Gobernador llama la atención de un sector que tiende a ignorarlo. El misterio de quién llamó a quién es difícil de resolver: en La Cámpora hablan de una gestión del propio Máximo o de Cuervo Larroque. Cerca de Kicillof mantienen la reserva.

Larroque tuvo su propio protagonismo por su ya famoso «Fernández fue jefe de campaña de un sector que en la provincia obtuvo el 4%». Al respecto: Es impensable que la ministra se mueva sin el visto bueno de Cristina. La cuestión es hasta dónde llegan sus palabras. En el Gobierno afirman que no hay intención de arrastrar a Kicillof a una ruptura con la Casa Rosada. Ahí late otra hipótesis: en serio, ¿algún sector del camporismo prefiere abandonar la batalla nacional para refugiarse en la PBA en 2023? Es una opción con demasiadas contraindicaciones para ser creíble.

Mientras en el oficialismo ahora todo el mundo es consciente de los puentes trazados por coroneles de ambos bandos a la espera de un gesto de distensión que selle una pax armada hasta el momento de armar las listas (¿una llamada de Albero a CFK?), en Juntos el La discusión, que hasta ahora sólo tenía un aspecto electoral, adquirió cierto tono programático. Esto es lo que se desprende del cruce del radicalismo a Mauricio Macri. Aunque se produjo después de que el expresidente renunciara a la posibilidad de volver a ser candidato, el tono de la respuesta radical es clave.

No fue solo Gerardo Morales quien aprovechó el reclamo menemista que hizo Macri para desvincularse de cualquier programa “neoliberal”. Su par correntino, Gustavo Valdés, señaló que prefiere el «peronismo republicano» al liberal de Javier Milei y advirtió sobre la imposibilidad de hacer «lo mismo que en 2015 pero más rápido». En provincia, la reflexión fue de Maxi Abad: aseguró que aquí también habrá un retador radical al PRO, que no deja de multiplicar candidatos. Esta semana, Ritondo volvió a pisar el territorio y la competencia contra Diego Santilli parece querer escalar también otra cercana a Horacio Rodríguez Larreta, el alcalde de Lanús, Néstor Grindetti. (DIB) AL

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